No dejes nunca de soñar.

De mañana, recuerdo con estupor el 11 de septiembre. ¡Cuántos! Hace 16 años la civilización se paró de repente porque algunos se habían propuesto deshacernos el alma embistiendo y haciendo explotar unos aviones contra las Twin Towers, dejándonos heridas e imágenes imborrables de la maldad humana. Apenas lo recuerdan ya las televisiones.

Ayer solo se hablaba de Cataluña. De la ruptura dentro de la propia Cataluña. El olvido se llena sueños utópicos. Caóticos, casi esperpénticos. Me remonto a don Ramón María del Valle-Inclán, a su escena de Max Estrella y Don Latino de Hispalis delante de los espejos cóncavos en el callejón del Gato discutiendo, bajo efluvios etílicos, sobre el sentido trágico de la vida española concibiéndolo solo con una estética sistematicamente deformada. Sí. Deformada, manipulada, inventada, enseñada, inoculada en la conciencia. ¡Cuántas veces repetimos lo que ahora ya no nombramos!

Pero hoy es ya día 12. El Dulce nombre de María. ¡Cuántas Marías tengo yo en casa! Para todas pero, sobretodo, para María. Ella sabe quién es. Parando el tiempo me embarco en un tren hacia Pontevedra. Sin cambiar el rumbo, calmando ya el viento gallego del otoño cercano. El cielo más oscuro y grisáceo que estos días pasados a través de los amplios ventanales del tren. Y eso que son las 12:30. Me acercan a ella. Siempre buscando la mejor intención y su bondad.

Te quiero, María. Mi regalo. No dejes de soñar nunca.

Autor: nosinmiszapatos

Poco pretendo. Mucho espero. Simplemente compartir y sentirme viva. Mi querencia: los míos.

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