20 años de ausencia.

Hombretón a la puerta del cielo hace dos décadas. Con su impecable gabardina o su impoluto «loden»; su paraguas gris de Yves Saint Laurent (que yo aún conservo); sus piernas largas como un día sin pan; su abundante pelo gris plateado y siempre arreglado; sus rasgos perfectamente marcados circundaban su mirada de bondad infinita. Elegante, el que más. Humilde y trabajador, como pocos. Mi ejemplo. Cuando tuvo que ser fue mi equilibrio. Mi ayuda y salvavidas en los tiempos difíciles y de carencia.

Los que son más del cielo se van antes. Como debe ser. Él se fue despacito, sin hacer ruido en 15 días (más cuatro meses), remendándome el corazón roto en mil pedazos. Se merece ser llorado 20 años después. Moriría por volverlo a ver. Solo una vez. Tantos recuerdos preciosos de mi padre.

Seguro que él hizo una cola cortísima a la puerta del cielo, no tendría que aguardar mucho: San Pedro lo esperaría con una sonrisa de satisfacción enorme, lo cogería en seguida por el hombro, le daría una palmada y entrarían en el paraíso. Así me lo imagino.

Era mi padre. Lo echo de menos. Era un padre, trece veces padre.

Os dejo una foto de la puerta del Atlántico en O Portiño (A Coruña) que hice este verano durante un paseo. Para mí, la puerta hacia el cielo.

Autor: nosinmiszapatos

Poco pretendo. Mucho espero. Simplemente compartir y sentirme viva. Mi querencia: los míos.

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