Recuerdos de colegio.

Comienza el curso escolar. Recuerdo mi primer día de uniforme almidonado, de largas trenzas peinadas con colonia Nenuco. Olores de infancia que permanecen encallados en los sentidos, como el jabón Heno de Pravia que inundaba el pasillo de mi casa. Nervios, muchos nervios y pocos años. Estrenaba zapatos, medias y cole. Mi cole nuevo, que se iba a convertir en el cole de toda la vida. Estrenaba amigas nuevas.

Vivíamos enfrente. Una carretera ancha que unía cuatro caminos. Teníamos que mirar a izquierda y derecha antes de cruzar y llegar al muro que nos llevaba a la puerta de pequeñas. Una palmera enorme nos invitaba ya a jugar alrededor de ella. Nos esperaba la madre Yábar, ya mayorcísima, que abría todas las mañanas la misma puerta de entrada. La monja de los sellos para las misiones. Avancé tímida hacia el aula de parvulitas. ¡Qué enormidad! Una fuente con agua en el medio de todo aquel espacio; un organillo que evocaba al barquillero de la salida. «¡De canela y limón!». El encerado verde enfrente. Y muchas niñas como yo y muchas risas. Allí estábamos todas sentadas en minisillas y minipupitres, aprendiendo las letras, las canciones que nos iban a quedar en el alma para toda la vida. Sin saber aún que entre esas cuatro paredes se estaban forjando las mejores amistades futuras, irreemplazables: un sexto sentido de querencia y pertenencia.

Recreos inolvidables. Poníamos en bandera la solidaridad: juegos en los que participábamos todas: la cadena, el brilé, el «huevo, pico, araña», las tabas, la goma y un montón que olvido.

Crecíamos muy deprisa, año a año, curso a curso, de repente. Pasamos por los distintos pabellones: el verde para las pequeñas; el marrón con un suelo de mosaicos precioso; las escaleras rojas de mármol que nos iban acercando a la adolescencia; el pabellón de mayores. Allí se acababa una etapa importante de estudios y amistades. Empezaríamos a compartir sueños y recuerdos.

Cada día que voy a visitar a mi madre a casa me asomo a los ventanales y veo mi cole, 50 años después de aquel lejano primer día y recuerdo y vuelvo a soñar.

Demasiados recuerdos.

A principio de verano conmemorábamos el centenario de la llegada del cole a la ciudad y lo celebramos reuniéndose mil antiguos alumnos que habíamos pasado por el cole. Nos volvimos a ver las promociones; volvimos a cantar, a reír en nuestra aula de parvulitas. Os dejo esta foto de ese día con muchos años más.

Autor: nosinmiszapatos

Poco pretendo. Mucho espero. Simplemente compartir y sentirme viva. Mi querencia: los míos.

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