Sin pedir permiso

Desde entonces no he conocido una historia de amor más bonita que la vuestra: tu mitad. Respira hondo. Olvidarás las cicatrices de hoy. Son acantilados que se miran de frente con ojos llenos de vida eterna, ilesos de heridas. Tus arrugas de ayer, cuando le mirabas en silencio, son el abrazo final de la batalla de la paz deseada y buscada. Son la cura del dolor, del miedo que tanto nos aterra.

Cómplices de una realidad verdadera creada paso a paso, fuertemente despojada ya de los arañazos que tejía la adversidad. Mucha lucha hasta lograr el triunfo que tanto merecéis.

El otoño grita a la primavera que vendrá con calma y solidaridad pero fuerte, tranquila como tú.

Te necesito fuerte

Pocas veces la vida te golpea con tanta fuerza y te deja tan aturdido que lo demás no importa. La miras con tanta fijeza que te inmoviliza, te noquea y caes sobre el ring inerme.

¿Hacia dónde te llevarán sus pasos? ¿A qué brazos te asirás para seguir adelante? ¿Qué te consolará y te sacará tu preciosa sonrisa que brilla hasta hacer desaparecer los miedos?

Las respuestas son solo una: los tuyos; los que te queremos hasta sufrir contigo los silencios de las respuestas; los silencios que gritan la desazón que no entiende lo humano del dolor, del corazón; los silencios que unen al presenciar tu amor por él, que se hacen mayores porque tu amor es máximo. Porque te admiro, hermana, por tu fortaleza, por tu humanidad que esta tarde se derrumbó con toda su fuerza. El llanto por tu ser más querido es la mayor muestra de amor. Sé fuerte y serás gigante. Nunca estarás sola. Te necesitamos los débiles porque aprendemos de ti

Sé más fuerte y nos harás gigantes. Te quiero.

Sé que no lo leerás. Porque, sin decírselo, ella ya lo sabe todo.

Te regalo nuestro mar.

Silencios que matan.

La espuma del mar, no es una imagen inocua en un poema. Es una tormenta que desprende un pensamiento, un camino virgen, sin hollar, sin huella, que recuerda al sol del invierno. Un silencio que duele, que grita la censura que amordaza los sentidos.

El mar, un lujo que asombra a los necios e ignorantes, que hace volar esa espuma hasta empaparnos de vida sin mirar atrás. El mar, un amor que une y nos iguala. No somos sus dueños y nos sentimos hermanados ante él, sucumbiendo ante su inmensidad que se nos escapa ante los ojos. Nos funde como iguales, sin nación que nos separa. Que no, que no, que cada uno es diferente, sí, pero juntos somos lluvia de espuma, cada gotita ínfima, invisible y siempre fiel conforma un todo idéntico que compartimos y queremos.

El tiempo que separa mi última entrada ha sido muy duro, inexplicable. Por eso no he escrito. Sentí la mordaza imperceptible de la reprobación ajena que me impedía expresarme porque no tenía nada que decir con el corazón. Hoy esta espuma inmensa me devuelve la palabra llena de pensamiento libre y liberado. La mentira amordaza. La verdad nos hace libres.

Carmen.