En tus zapatos.

Me pongo en tus zapatos y me entristezco. En tus zapatos del frío invierno germano, pisando la nieve fresca que se desliza en los bancos del río que te llevan a la universidad. Esta vez voy caminando, no en bicicleta, para pensar qué está pasando, cómo serán los días siguientes cuando tú no estés.

Se me rompe el alma al pensaros en esa habitación blanca de hospital, mirándoos ambos con ojos de sinceridad y amor. De necesidad mutua. De valentía elegida y compartida. De desolación. De miedo.

No quiero escribir tristezas y no puedo. Ojalá no lea nadie esta entrada. No sé cómo hablar contigo en la distancia, cómo animaros cuando la lucha se presenta inútil porque ya habéis luchado hasta la extenuación. En mi corazón estáis muy cerca. Vuestro dolor es nuestro dolor.

Esto es Castrillo. Tanta paz. Tanta vida os regaló. Te quiero, hermano.